La semana pasada se cumplió el aniversario, no recuerdo ahora bien cual, de la matanza de la Plaza de Tiananmen. Aquí este asunto, como podéis imaginar, ni se ha mencionado. Yo me enteré por elmundo.es. De manera que tenía un cierto morbo la visita de hoy a la que dicen es la plaza más grande del mundo. Y debe serlo, pues es impresionante y aunque había miles de turistas y muchos miles más de chinos, la plaza parecía vacía. Es un recinto espectacular con edificios impresionantes y supone el símbolo más característico de la revolución china. Y se nota. No sólo por la arquitectura genuinamente comunista de los edificios, especialmente el recinto del Partido Comunista y el mausoleo de Mao, sino por la omnipresencia del Líder Supremo, que se palpa en cada una de las losas de la plaza. Impresiona ver cómo la mayoría de los chinos presentes aún sienten veneración por Mao, a pesar de los años y de los cambios experimentados en el país. Es como si hubieran dando un salto en el vacío hacia el futuro, pero dejando un pie en el pasado.
En la plaza, con un sol atosigante, nos hemos hecho fotos de todos los tipos. Aquí os mostramos algunas. Una de ellas es la tradicional de todo el grupo de padres y niños adoptados. Aunque pueda parecer un tanto ridículo, tiene gracia y, además, no es inhabitual, pues a cada paso te encuentras a grupos de turistas y de chinos haciendo lo mismo. Nosotros nos la hemos hecho delante de una de las fachadas de
Irene, que cada día está más alegre y disfrutona (¡qué diferencia con los primeros días!) se empeñó en caminar sola rechazando la mano de Consuelo o la mía, con el consiguiente cabreo de Guille, que nos amenazaba con todos los males divinos si le pasara algo a la niña por nuestra culpa. El caso es que durante un buen rato nos hemos visto obligados a ir detrás de Leijing que no hacía más que relacionarse con otros chinos, asombrados de verla con nosotros.
Hoy estaba previsto visitar también
Esta es la foto obligada del grupo en la Plaza de Tiananmen
La China de los contrastes. De repetente un grupo de militares desfilando en la acera.
Los cuatro delante del monumento a la Revolución. Para revolución, la de Leijing...
Fachada de la Ciudad Prohibida, con el retrato enorme del Líder Supremo, Mao
Irene, ya quiere volar sola...
Aquí, con una amistad china ocasional.
La foto imprescindible.
Un nuevo "chino" delante del monumento a los mártires de la revolución.
Ya de vuelta al hotel, Irene siempre con su madre.
Y, aunque todos estamos reventados, ella sigue con ganas de juerga...
Este soy yo a las 12 de la noche china, 6 de la tarde en España, haciendo este blog.
Qué bien os veo a tod@s! Un beso grande, y la abuela Sara os manda otro tambien.
Chiqui, Aitana Y Jesus todos bien, la niña bien, yo quiero ir esta semana a verla...seguro que ya está mas grandota.
Bueno, otro beso
Desde luego la experiencia está siendo inolvidable. Ya os queda nada para volver, y todos estamos deseando veros a los cuatro juntos.
Un besazo.